Emprender, ¿una nueva vía en la lucha contra el terrorismo?

mayo 04, 2016

Emprender, ¿una nueva vía en la lucha contra el terrorismo?

Muchos jóvenes pasan por un momento de crisis cuando cumplen 18 años. ¿Qué quiero ser? ¿Sigo estudiando o me pongo a trabajar? ¿A qué me voy a dedicar? El camino que tomarán en sus vidas es importante. Quieren saber quiénes son.

Anis, joven de Bruselas, no tenía claro qué estudiar y se decantó por buscar trabajo. Los “ya te llamaremos” fueron una constante en cada una de las entrevistas, pero el teléfono permanecía mudo. Una situación tan frecuente como esta es la que presenta Ana Carbajosa en un reportaje para El País: Anis es ciudadano belga de ascendencia marroquí, domina cuatro lenguas y fue incapaz de encontrar un empleo. Responsabilizó de su situación a la sociedad: “Nos estigmatizan, aquí no me consideran belga” contaba con frustración a su madre, que no imaginó que la crisis de su hijo terminaría siendo de identidad.

Dejó de buscar trabajo. Empezó a frecuentar la mezquita de su barrio, Molenbeek, y su comportamiento cambió. Cada vez más alejado de su familia, poco a poco su discurso se fue radicalizando. No quería vivir más entre kafir (infieles). Al cabo de no demasiado tiempo, sus padres recibieron una llamada desde Turquía. Era Anis. Iba a cruzar la frontera a Siria.

Según el informe del Centro Internacional de Estudios para la Radicalización1, Bélgica es el país de la UE con mayor proporción de yihadistas en Siria e Irak; 40 por cada millón de habitantes.

Sin embargo, Bélgica no es el filón más grande que existe en Europa. La Península Balcánica tras las Guerras de Yugoslavia ha alcanzado un clima idóneo para que el Estado Islámico reclute seguidores: desorden económico, inestabilidad política, aislamiento… En Kosovo, según datos de su propio Ministerio del Interior, 300 hombres y 36 mujeres se han desplazado para engrosar las filas del grupo terrorista. Teniendo en cuenta que su población oscila en torno a 1,8 millones de habitantes, la proporción es casi cinco veces mayor que la de Bélgica.

En otro reportaje de Hibai Arbide Aza para Vice News que explica este fenómeno, la periodista kosovar Arbana Xharra denuncia que la atención sobre el vertiginoso crecimiento de yihadistas en los Balcanes es prácticamente nula. Según ella, “el perfil del kosovar que se alista en EI es el de un joven desempleado que comienza a frecuentar las nuevas mezquitas financiadas desde el golfo Pérsico o Turquía”. Estas mezquitas fueron construidas por las ONG que ayudaron al país tras la guerra. Arbana añade que los jóvenes, decepcionados con las escasas oportunidades que les ofrece Europa, “se relacionan con otros jóvenes similares a través de Facebook y transforman su forma de vestir y vivir para dejar de parecer occidental".

La situación se repite en muchas familias no solo de Kosovo o Bélgica, sino también de Bosnia, Francia o el propio Reino Unido. Casi todos los casos presentan un elemento común: la falta de trabajo desemboca en una frustración que les convierte en presa fácil de los experimentados reclutadores de EI.

Esta característica sugiere que una de las llaves para invertir la situación la tenga el empleo (o en este caso el autoempleo). Armenia y Turquía mantienen una rivalidad histórica. El genocidio del imperio otomano a principios del siglo XX dejó como poso una animadversión difícil de borrar. Superando esta barrera, en noviembre de 2014 un grupo de jóvenes turcos viajó a la capital armenia de Ereván para asistir a un Startup Weekend. Un evento en el que los asistentes tienen la oportunidad de plantear sus ideas a expertos e inversores. A través de grupos mixtos compuestos por jóvenes de ambos países, lograron dejar de lado ese odio inculcado desde la infancia para trabajar y cooperar por un mismo objetivo: ser los mejores.

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En vista de hechos como este, sería interesante concebir el emprendimiento como un catalizador del progreso, pues multiplica los puntos de entendimiento, esenciales para la victoria de las vías diplomáticas. La mejor alternativa en la lucha contra el terrorismo. Es más, emprender no sólo desencadena un crecimiento económico, sino que provoca a su vez un incremento de la movilidad social. Abre las puertas al desarrollo del talento local en cualquier lugar del planeta. Un talento local que comprenderá mejor que nadie su propio entorno y centrará sus esfuerzos en hacerlo prosperar.

Un ejemplo que sirve de inspiración es el nacimiento en África de aplicaciones móviles como M-Pesa en Kenia o Paga en Nigeria. Con ellas, se da por fin solución a un problema crucial para los millones de personas que viven a lo largo del continente: la falta de servicios financieros.

En definitiva, el emprendimiento es un arma potente frente a la ausencia de perspectivas de futuro. Al ser una fuente de creación de trabajo y oportunidades genera ilusión. Una ilusión que con su sola presencia es capaz de reprimir a los que quieren aprovechar las debilidades del sistema para alimentar las dudas y sembrar el terror. Esta ilusión, esta demostración de ganas de mejorar, son el mejor altavoz para que se oiga fuerte y claro que no. Que no tenemos miedo.

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Imagen de la manifestación en París tras los atentados a la revista Charlie Hebdó. 07/01/2015

 

 


1 ICSR, perteneciente al King´s College de Londres. Estudio basado en datos del segundo semestre de 2014.



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