El norte de Benín es una región muy afectada por el cambio climático, con una única y errática estación de lluvias. Por otro lado, no existen fuentes alternativas de suministro. Las poblaciones están dispersas y sus moradores, dentro de ellas, lo están también. Eso convierte a los riachuelos estacionales en la única fuente de suministro estable de agua.
Desde el punto de vista de la salud, la falta de agua potable, unida a una desnutrición generalizada por las paupérrimas cosechas, al paludismo endémico en la zona y a la casi total ausencia de servicios sanitarios, hace que Benin sea el octavo peor país del mundo en mortalidad infantil, con una esperanza media de vida saludable de 53 años.