Los emprendedores de hoy son los líderes del mañana, y muchos de ellos tienen ya presente en su día a día el propósito de generar impacto positivo en su entorno para afrontar los desafíos globales.
Aquí te dejamos algunos consejos a tener en cuenta si tienes una buena idea y te decides a convertirte en emprendedor con impacto social:
- Escucha a tu cliente para mejorar tu servicio, ofrecerle algo que de verdad valga la pena y le aporte valor.
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Adapta tu idea, sin perder valores, pero que tenga sentido para tu consumidor.
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Decide la mejor manera de conseguir ese impacto positivo en la sociedad mediante una actividad empresarial con posibilidades reales en el mercado.
- Busca compañeros de viaje que apuesten por tu idea y compartan tu motivación, rodéate siempre de buenos profesionales y, sobre todo, de buenas personas.
- Comienza con un equipo de mínimos, para no cargarte de costes estructurales, y ve evolucionando conforme avanza tu proyecto.
- Sé imaginativo, creativo e ingenioso a la hora de utilizar los recursos a tu alcance para hacer crecer tu empresa social.
- No pierdas la visión de negocio para poder aportar el mayor impacto posible a la comunidad a la que elijas beneficiar con tu actividad.
- Si el modelo te funciona, piensa en grande y busca la escalabilidad: utiliza la ambición positiva para replicarlo en otros lugares y amplificar su impacto.
Pedro Díaz-Ridado, experto en emprendimiento y profesor de la Escuela de Negocio del Real Madrid y la Universidad Europea, considera en su libro ‘Mejores líderes: 8 claves para el éxito en la vida y en el deporte’ que una de esas claves ha de ser el impacto social.
Se considera una empresa social a aquella que, además de ser rentable, aporta un impacto positivo en el medio ambiente y/o en la sociedad y ayuda a afrontar y resolver desafíos globales.
Las empresas con impacto social están ganando cada vez más terreno. Solo hay que echar un vistazo a la conocida lista ‘30 under 30’ de Forbes de 2019, que reconoce a los mejores talentos jóvenes del momento. En ella encontramos, por ejemplo, a Komal Ahmad, la fundadora de Copia, una aplicación para donar la comida que te sobra cada día; o como Cocoa 360, que utiliza los ingresos de las granjas comunitarias de cacao en Ghana para financiar servicios educativos y de salud. O a Daniela V. Fernández, que destaca por haber puesto en marcha Sustainable Ocean Alliance, la mayor red internacional de líderes para proteger los océanos.
Las nuevas generaciones lo demandan: según el informe ‘The Rise of Social Enterprise’ de Deloitte, el 84% de los millennials considera que las empresas deben valorarse por su rendimiento social y medioambiental, no sólo financiero. Y esto no solo afecta a lo que venden, sino también a que quieran o no trabajar en ellas, o a que valoren y penalicen sus distintas iniciativas en relación con la comunidad. Por eso esta idea no solo afecta a startups y compañías pequeñas, sino también a las grandes corporaciones que manejan literalmente el mercado, y que pueden dejar de hacerlo si su orientación social no es la correcta.
Actualmente, este movimiento ya no es algo anecdótico. La española Social Nest busca desde 2010 ‘acelerar’ y apoyar a este tipo de empresas que contribuyen a alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) o que ayudan al desarrollo en cualquier parte del mundo, desde paneles sociales en África hasta movilizar a los gobiernos occidentales para una sociedad más justa.
Y es que, a día de hoy, con un futuro marcado por el cambio climático y el reparto desigual de los recursos, proliferan los emprendedores sociales y las buenas ideas para cambiar el mundo, ya sea identificar enfermedades a través de videojuegos, producir energía de forma sostenible o llevar agua potable dónde más la necesitan, como hacemos en AUARA.