El precio de lo que vale infinito

abril 27, 2016

El precio de lo que vale infinito

¿Cuánto cuesta lo que vale infinito? ¿Se debería pagar por algo tan fundamental como el agua? Si lo pensamos, pagar por el agua, sería como pagar por el oxígeno que respiramos. Los derechos fundamentales deberían ser gratuitos ¿no? Al menos es lo que la intuición nos dice. No obstante, no hace falta devanarse los sesos para darse cuenta que lo que uno paga cuando abre el grifo o riega un cultivo, no es el agua en sí, sino lo que cuesta llevarla hasta ahí en buenas condiciones: pozos, embalses, canalizaciones, purificación… Por eso, la solución que muchos gobiernos llevan décadas practicando es la de hacer pagar a sus ciudadanos lo menos posible por el agua que consumen, principalmente a través de subvenciones al consumo. Parece una solución lógica, muy de nuestro tiempo.

Sin embargo aquí la lógica, al menos la superficial, vuelve a traicionarnos. Es cuestión de mirar la realidad con más detalle. Al hacerlo, nos damos cuenta de que las subvenciones son una mala solución por dos motivos:

El primero, es que, contra lo que dicta la apariencia, son profundamente injustas. En países como la india dos de cada tres dólares invertidos en subvenciones acaban repercutiendo a quienes no las necesitan1, ya que la inmensa masa de desposeídos simplemente no tienen acceso al agua corriente. En segundo lugar, mucho más preocupante, porque en 2030 el aumento estimado de la demanda de agua confiable será de un 40% respecto de la actual2. Un dato que sin duda puede ser alarmante… o no. Puede no serlo porque a día de hoy con la tecnología existente y ciertos cambios de hábitos se podría lograr; pero puede serlo porque, en consecuencia, el problema es casi exclusivamente de voluntad política y social.

Las tecnologías no se implantan solas ni gratis. Alguien tiene que plantear la estrategia, alguien tiene que pagarlas. Así que o la pagamos nosotros hoy o la pagan el día de mañana nuestros hijos. Ciertamente hay que hacerlo de manera razonable y justa, encontrar la fórmula de quien pueda pagar pague, y que no paguen de más los que no pueden. Pero hay que hacerlo. En realidad la pregunta es ¿existe la voluntad de llevarlo a cabo? Dicho de otra manera ¿existe la voluntad de hacer pagar más por el agua de hoy, para que tengamos agua mañana? Vista la opacidad de los gobiernos en lo que al precio del agua se refiere y las políticas subvencionistas que actualmente llevan a cabo, parece que no.

Entonces, ¿qué pinta cada uno de nosotros en todo esto? ¿No es una cuestión de voluntad social y política? Sin duda, pero eso no nos exime de responsabilidad, al contrario: “No hay nada más peligroso que una idea a la que le ha llegado su tiempo” decía Víctor Hugo, pero el tiempo de las ideas, de una idea, es el que cada uno de nosotros le quiera conceder con sus actos libres y responsables: lo que hace, lo que lee, lo que come, lo que dice, lo que compra, lo que paga... La idea es sencilla: no hay futuro más incierto que aquél en el que no se invierte. ¿La acogemos? ¿Le damos cabida en nuestro tiempo? ¿Nos unimos a quienes ya han empezado a acogerla?

"Come gather 'round people [...] and admit that the waters around you have grown, [...] then you better start swimming or you'll sink like a stone, for the times they are a-changing".3


1. weforum.org 2. 2030 Water Resources Group (2009). Charting Our Water Future. 3. Bob Dylan, The Times they are A-Changin'.